El Avance de la novela (en formato PDF) a un click.

El Avance de la novela (en formato PDF) a un click.
No sé qué habrán sentido otros escritores de mi generación al publicar por primera vez. Para mí, criado con Mazinger-Z y las predicciones de un siglo XXI en el que viajaríamos a la Luna de vacaciones la palabra “lanzamiento” no podría ser mas apropiada. Publicar este libro es lo más parecido a cumplir el sueño infantil de estar a los mandos de una nave espacial. Y ya que no podré experimentar las alucinantes aventuras de Lucky Starr, al menos quisiera provocar en los lectores de “El secreto de los dioses olvidados” el mismo deseo de vivir fantasías similares que me cautivó a mí.
El aspecto del libro, en mi opinión, ya da pie a soñar con emociones fuertes y debería atraer a los aficionados a la ciencia-ficción. Los artistas de Calderon Studio respetaron mi propuesta original para la portada (una vista aérea de París surcado por zeppelines), aplicando además su ingenio para darle un aspecto más sugerente: eligieron una vista nocturna, con los dirigibles y la torre Eiffel destacando sobre todo lo demás. Incluso las llamas que devoran documentos en el plano inferior colaboran a esa impresión de desastre inminente.

Sin embargo, un detalle se me pasó por alto en un principio. Uno que ayuda sobremanera a que el libro enlace exteriormente con esos clásicos de mi infancia y adolescencia. La propia portada está diseñada para dar la apariencia de un libro viejo. Esas marcas típicas del ejemplar manoseado y leído por cientos de personas, conocidas por todo aquel que haya manejado libros de segunda mano o sea aficionado a las bibliotecas, otorgan a “El secreto de los dioses olvidados” el aspecto de un clásico de la literatura “pulp”.
Y por último, pero no menos importantes, han resultado las reseñas de la contraportada. Juan Miguel Aguilera, Rafael Marín y Steve Redwood me han hecho el gran honor de halagar las virtudes de la novela. Ni en sueños me habría atrevido a pensar, un año atrás, en que dos de los pesos pesados de la ciencia-ficción nacional fueran a “avalar” mi obra. Un hecho que, además, vuelca sobre mí una responsabilidad aún mayor hacia los lectores, puesto que deberé cumplir con las expectativas creadas por esas palabras. Y no quiero dejar de hablar de Steve Redwood, cuya “lectura crítica” me ayudó a la hora de acometer la última revisión del texto. Sin haberle conocido más que por sus comentarios le considero una magnífica persona, cuyas anotaciones no sólo me parecieron acertadas, si no que las hizo en un tono cordial. Justo lo que un “novato” necesita para no sentirse acobardado por el juicio del “veterano”. Y creo que los cambios que me inspiró le gustarán.
Reconozco que, siendo una persona realista, no dejo de tener un lado tremendamente soñador (sin el cual, supongo, no podría escribir). Mis expectativas siempre han sido (y ahí siguen) muy modestas. Algo que se ha fundado en los comentarios de quienes ya han pasado por este trance. Pero al mirar la portada, leer las reseñas e imaginar los ejemplares en las librerías no puedo evitar que la ilusión vuele hacia la remota posibilidad del éxito que todo autor novel alberga.
Al menos, ya he recorrido todo este tramo de la travesía. Y, por mi parte, he puesto lo máximo para hacer que el resultado fuese bueno.
No creo que necesite deciros la sensación que me ha invadido. La felicidad ha sido muy grande, sobre todo porque el trabajo de CalderonStudio es, a mi parecer, impresionante. En cuanto me envíen la versión a mejor resolución pienso usarla de fondo de pantalla. Su simple apariencia puede ser un gran reclamo para que los aficionados a la ficción echen un ojo al libro… Lo único que lamento es no poder enseñarla, aunque pretendo colgarla tan pronto como la editorial me coloque en la sección de Novedades.
¿Qué puedo decir? Otro de esos “primeros momentos” de autor novel por el que estaba ansiando pasar. El siguiente, en un mes (espero, espero).
En primer lugar, debo reconocer que he sido un lector de ficción empedernido desde el mismo principio de mi afición a la lectura. Como ya he contado alguna vez, descubrí el placer por las aventuras con “La vuelta al mundo en 80 días” y desde entonces no he dejado de disfrutarlas. A partir de los 8 años y hasta acabar la EGB mi rutina diaria consistía en volver a casa, dejar la mochila y meterme en la biblioteca hasta que cerraban. Fue el tiempo de descubrir a Los Hollister, Los tres investigadores, el Pequeño Nicolás, Los cinco, Tocon… además de Asterix, Tintín, Blueberry, Valerian y demás. Recuerdo llegar a estar enfermo y, no teniendo otra cosa, leerme la colección de Celia de mi hermana.

De ésta época es mi primer “ramalazo literario”, consistente en presentarme a un concurso en el colegio. La desastrosa consecuencia fue que el jurado (de padres de alumnos) me acusó de haber plagiado el cuento. Al parecer, el lenguaje les pareció demasiado adulto para un niño de mi edad. Ésto último no lo supe hasta mucho más tarde, pero que un compañero me acusara de haber copiado me afectó. Hizo que no volviera a presentarme a ningún concurso hasta la universidad.
El siguiente cambio ocurrió antes de pasar al Instituto, pero principalmente durante esa etapa. Me centré en la lectura y el diseño de cómics de superhéroes (motivado por mi otra gran afición, el dibujo). También fue el momento de pasar a la Biblioteca de Adultos, recorriendo las estanterías en busca de ciencia-ficción, con Asimov a la cabeza. Y aunque, como digo, llené cuadernos con argumentos para aventuras de superhéroes que yo creaba y dibujaba, no dejé de escribir. La primera novela debí de acabarla el último año de EGB. Si digo que la mecanografié sobre cuartillas hechas a base de fotocopias “recicladas”, puedo dar una idea aproximada de su apariencia. Estaba escrita, además, sobre la marcha. Por lo tanto, el argumento varió a medida que iba modificándolo en mi cabeza día a día, y contaba con personajes de cómic de “invitados especiales”. En el instituto, las buenas calificaciones que obtuve por un relato breve y varias “redacciones libres” me devolvieron la confianza en que aquello podía hacerlo bien, aunque es cierto que esos años torturé varias máquinas de escribir con más ilusión que otra cosa.
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Mi etapa en la universidad fue de las más creativas. Logré publicar un relajo de “terror Lovecraftiano” en el certamen de “El Fungible” de 1.997, hice de articulista para varios fanzines (siempre alrededor del mundo del cómic) y acabé otra novela. Ésta vez, una parodia de la fantasía épica con tintes a lo Pratchett. Sin embargo, mi principal actividad literaria fue la escritura de aventuras para juegos de rol. Y podía decirse que así aprendí unos cuantos de los conceptos para acometer después la escritura de novelas. Me obligó a estructurar la narración, a planear los giros argumentales y a documentarme (me gustaba usar localizaciones reales). Aún así, acumulé cientos de páginas con historias que, llegadas a cierto punto, se morían por falta de ideas. Aunque también aumentó la cantidad de cuentos cortos, que fui guardando por no saber cómo (o no atreverme) a llevarlos a concurso.
En esa dinámica avanzó el tiempo hasta sufrir de cierta sequía, rota al llegar el año 2.006. Entonces me encontré con la primera novela publicada por un antiguo compañero del instituto y decidí que era hora de probar fortuna de un modo más profesional. Nada de mandar el manuscrito con la tinta de la impresora fresca. Convencí a amigos para leer la obra y saber qué debía mejorar. Acepté la necesidad de rescribir hasta que todo encajara y fluyera con suavidad. Una serie de detalles que, al ignorarlos en el pasado, no podían dar frutos.
Ahora, mientras aguardo a que “El Secreto de los dioses olvidados” aparezca en las estanterías de los libreros, procuro no dejar lejos el bolígrafo. Dejé apartado el sueño de dibujar cómics, sin perder el de escribir guiones. Buceo entre mis relatos cortos cuando descubro un concurso interesante. Escribo dentro de un “taller literario” de Mensa. Estoy luchando con mi siguiente proyecto: la primera novela de una saga “gótica”… Y todo ello animado por la misma ilusión que impregnó aquella novelita escrita a golpe de teclas cuando no tenía más de quince años: contar una historia que haga disfrutar a quien la lea.

Mientras tanto, estoy dedicando el tiempo a mi nuevo proyecto literario. Y me he descubierto repitiendo el proceso por el que fui avanzando hasta poder completar “El Secreto…”. Tras acumular más de un centenar de páginas con pasajes diversos que cubren casi todo el argumento de la novela, he vuelto a pasar por un periodo de “hibernación” del texto. Y ahora ando escribiendo una sinopsis detallada, en la que voy añadiendo más y más notas. Buscando inconsistencias en la línea lógica de la historia. Estudiando cómo distribuir la información de la trama. Por suerte, en éste caso he partido de una base mucho más homogénea que para “El Secreto…”, y las modificaciones necesarias para adaptarla al argumento serán mucho menores.
Es sorprendente cómo uno se acaba convenciendo de que ciertos “rituales” le van a ayudar a concentrarse. En mi caso, y tras “El Secreto…”, la serie de superhéroes de Cool Universe y, ahora, éste último proyecto, es evidente que funciono infinitamente mejor cuando dispongo de una sinopsis exhaustiva en los grandes formatos. Me ayuda a visualizar el desarrollo de la historia, y a jugar con la disposición de la trama. De una idea “borrosa” puedo ir avanzando hacia una escena compleja. Una técnica que he ido desarrollando y puliendo desde que escribía los guiones de mis cómic-books caseros organizando la distribución de las viñetas, muchos años atrás.
Otro problema es el lugar para escribir. En mi casa me resulta imposible: demasiados elementos para distraerme. Sí, puedo hilvanar pasajes cortos o escribir el núcleo de relatos breves. Los primeros cuentos que fui acumulando surgieron de ese rato, sentado en la cama, antes de irme a dormir. Pero escribir un número elevado de páginas… no lo consigo. Para eso necesito estar en un ambiente cerrado, en silencio (o con música ambiente) y poco más. Vamos, que me veo mudándome a algún pueblo sin cobertura o guardando bajo llave la tele y el módem para poder escribir más novelas.
Y como soy muy cabezón, no pararé hasta encontrar la forma de darle un final a cada una de esas historias que descansan en el cajón del armario.
De momento, la entrada en imprenta se retrasa hasta finales de mes (aproximadamente). Esto se debe a que en Calderon Studio han estado muy ocupados, y no han podido finalizar la portada de “El Secreto de los Dioses Olvidados“. Teniendo en cuenta que esperaba ver el diseño durante los primeros días del mes, a medida que se fue acercando la fecha prevista para enviar el texto a imprenta (el día 15) los nervios me han devorado. Nada comparado con esperar a recibir respuesta de las editoriales, pero muy malo para un autor novel.
En cualquier caso, me alegra saber que tras el retraso está el deseo de Calderon Studio de entregar un diseño con la calidad que les caracteriza. Tras haber visto los trabajos de encargos anteriores, estoy seguro de que sabrán captar el peculiar ambiente de la novela. La idea que les sugerí fue una vista general del París “ucrónico” que aparece en “El Secreto de los Dioses Olvidados”, y mi única duda es si logré proyectar la imagen que tenía en la cabeza cuando lo describí en el texto. Para aquellos autores noveles que pasen por este blog con ganas de comparar experiencias, añadir que mi potestad sobre la portada se reduce a la capacidad para sugerir su apariencia. Si el diseño no me gusta, sólo podría quejarme en un rincón y suplicar que hicieran cambios de última hora.
Así pues, sólo me queda esperar que llegue a mi correo un mail con la portada creada por Calderon Studio (que probablemente coincidirá con el envío de la novela a la imprenta). La primera tanda de cohetes la lanzaré ese día, y la traca más gorda la guardaré para el día del lanzamiento oficial. Para calmar la angustia, de momento me voy a disfrutar del festival de cine de San Sebastián. A ver si allí, entre película y película, hago avanzar un poco más el proyecto de la próxima novela.

Sin embargo, quiero dar la noticia porque quienes han aceptado el relato tienen un cierto peso específico en el mundillo de la ficción nacional. Se trata de NGC 3660, una web dedicada a la Ciencia Ficción, la Fantasía y el Terror. Pero, más allá de eso, son parte activa en la elección de los Premios Ignotus en la categoría de mejor web y mejor cuento. Por tanto, desde la perspectiva de la calidad que están acostumbrados a exigir en el Ignotus, me parece un paso importante. Sobre todo por el hecho de colar la cabeza en éste apartado literario que, en España, es una pequeña pecera pero resulta ser el ámbito en el que me muevo un tanto mejor: el cuento.
Ya había intentado colaborar en otros concursos y fanzines electrónicos, con muy poco éxito. No voy a hablar aquí sobre el fenómeno del “votadme amigos para que me lleve un premio”, tan extendido por la red, pero lo cierto es que uno ya se desespera cuando envía cosas a tantos sitios y en ningún lugar le hacen aprecio de la calidad (y, sí, en éste caso me estoy dejando llevar por el ego literario personal). Sin embargo, cuando uno curiosea en las webs de otros autores noveles no puede dejar de fijarse en los kilométricos currículums que incluyen nominaciones, finalistas, y colaboraciones en diversos concursos y medios. Así que mi intención al probar suerte con NGC 3660, no puedo negarlo, estaba influída también por el deseo de engordar un poquito el historial literario de un servidor.
Mi primera participación es con un cuento de Terror (aunque bien podría quedarse en relato de misterio). Se trata de “Sólo un momento”, el cual habréis leído los que tenéis permiso para entrar en mi “Biblioteca Caótica”. Dado que en NGC 3660 no tienen inconveniente en trabajar con obras que hayan sido publicadas antes (siempre que no fuera un medio dedicado a la ficción), y al alcance restringido de la tirada de OMNIA, me decidí a enviarlo. Una sonda con la que probar mis méritos. Y ha dado en la diana.
Así pues, a partir del lunes 14 de Septiembre (si se cumplen los plazos dados por la web) allí habrá un nuevo colaborador activo. Con una referencia de obras publicadas en la web que, espero, crezca pronto con el tiempo.
P.D: Mis disculpas a quienes me seguís a través de otros blogs, por el “copy-paste” articular.
De momento, espero con verdadera excitación conocer algún detalle de la portada. Viendo de qué son capaces, no me cansaré de alabar el trabajo de Calderon Studio, del que espero un resultado de gran calidad. Para mí, significa algo así como la confirmación de que el sueño está volviéndose tangible. Con la imagen de esa cubierta, tantas veces elucubrada a lo largo de muchas noches, van asociadas las ilusiones de aquel día, meses atrás, en el que me propuse publicar una novela.
Quienes sigan el blog sabrán que he procurado combatir la falta de noticias con propuestas para “picar la curiosidad” de los futuros lectores. En primer lugar, continúa activo el concurso sobre el propio argumento de la novela. Debo reconocer que muy pocos se han animado de momento a participar. Desconozco si se debe a pereza ante el desafío de repasar los artículos publicados (que tampoco son tantos), o por ausencia de aficiones detectivescas entre quienes visitan el blog. Sea como sea la oportunidad sigue ahí, para los que se atrevan con ella.
La otra iniciativa surgió de un “ramalazo de creatividad” inspirado por el artículo de Tania Lu en Globedia. En su breve comentario sobre el fenómeno de los book-trailers, aprovechaba para dar unas ligeras nociones sobre cómo realizarlos a quienes se vieran capaces de atreverse con el reto. Y como a uno le gustan este tipo de desafios, dediqué unas cuantas horas a trastear con Photoshop y el Windows Movie Maker. El resultado final, habida cuenta de lo primitivo de las herramientas y el “artesano”, ha sido tosco pero efectivo. Aunque aún hay tiempo pra usarlo como punto de partida de algo más elaborado…
Con la llegada de Septiembre se debería acabar este tiempo de espera y, en buena lógica, es el momento de dar novedades con más frecuencia. En principio, hora para hablar de la portada, el envío a imprenta y (supongo) la aparición como “próxima novedad” (con fecha de publicación incluída, espero). Como ya he dicho en otras ocasiones, he procurado mantener un nivel de “ilusión contenida” a lo largo de éste proceso. Un trasunto de “agnosticismo editorial”, por el cual conservaba el optimismo sin dejar de considerar las posibilidades de un imponderable que lo echase todo a perder. Pero ahora, cuando casi puedo ver mi nombre asomándose a la estantería de una librería, lo único que deseo es que nada evite la aparición de “El Secreto de los Dioses Olvidados”.
P.D: En breve disfrutaré de unas merecidas vacaciones, viaje incluído, pero confío en mantener el blog al día y seguir informando a medida que se produzcan novedades.
Sé que no es una maravilla de realización, pero espero que sirva para que empiecen a salivar mis futuros lectores…
P.D: No sé si a alguien se le ha escapado… la imagen es un link a un video….

Así pues, he pensado que no estaría nada mal recompensar a aquellos que se han interesado por los progresos de “El Secreto de los Dioses Olvidados” a lo largo de éstos meses. Y con la (malvada) intención de provocar curiosidad en quienes tropiecen accidentalmente con éste blog a partir de ahora, ahí va mi propuesta:
¿Podéis adivinar el argumento de la novela?
Soy muy consciente de que he procurado no incluir detalles relevantes de la trama en mis artículos, para mantener el misterio en mis futuribles lectores y evitar que las sorpresas se diluyan. Pero la información (aún escasa) está ahí, detrás de los comentarios que he publicado. Quienes hayan estado “más atentos”, seguro que tienen ya alguna idea más o menos formada de lo que les espera entre las páginas del libro.

Responded a éste artículo describiendo cuál es el argumento que, en vuestra opinión, está más cerca de explicar lo que se oculta tras el título de la novela. Y si alguien se te ha adelantado, no tengas pudor en subirte a su carro. Aceptaré vuestras respuestas hasta que el libro entre en la imprenta (aproximadamente, el 15 de Septiembre).
El premio… ¿de verdad es tan difícil de descubrir?