Maquetado

En ésta dinámica de descubrimientos relacionada con la publicación de un libro, ya puedo hablar de la última alegría que me han dado desde la editorial: la semana pasada me hicieron llegar la primera maqueta de “El Secreto de los Dioses Olvidados”. Reconozco que el ideal romántico del escritor me había hecho esperar un “ejemplar inacabado”. Papel y tinta impresa. Así que el archivo PDF que recibí rompió con gran parte de esos moldes nostálgicos con los que había soñado.

Una amiga me preguntó por la sensación que me había producido, y voy a reproducir mi respuesta: La maqueta es como un pequeño monstruo de Frankenstein desmontado, esperando que le cambie piezas por otras mejores y más bonitas. Y es que, después de las horas de rigor alucinando con el hecho de ver cosas como un ISBN junto al título de tu obra, es el momento de comprobar que todo está en su sitio. Un trabajo más árduo de lo que parece.

En mi caso, el primer problema ha consistido en revisar todos los diálogos. Una tarea derivada de mi costumbre de entrecomillar las frases de los protagonistas, que ha resultado ser contraproducente. Al sustituir las comillas por el consabido guión, algunos signos de puntuación mutaron o desaparecieron (bueno, no puedo echarle toda la culpa a la maquetación. Seguro que entre tanta reescritura algo se me escapó en el manuscrito final).

Sin embargo, eso no ha sido el motivo de calificarla como un Frankenstein. El verdadero conflicto ha surgido al releer parte del texto y sentir esa necesidad del perfeccionista de pulir aún más la obra. Así que pregunté a AJEC, y me han asegurado que estoy a tiempo de hacer cambios. Una respuesta motivo de alegría y azoro.

Estoy contento por tener la oportunidad de aplicar lo que he aprendido al seguir escribiendo durante estos meses, corrigiendo problemas de estilo propios del novato. Repasándolo todo no con la perspectiva de “¿será bastante bueno?” si no la de “Tiene que ser mejor”. Y eso me preocupa. Encontrar ahora fallos que antes no ví, o tomé por algo nimio, y que de pronto se han tornado en errores abismales. En ese sentido me temo que me puede la sensación de responsabilidad, pues ahora veo más y más cerca el momento en el que “El Secreto de los Dioses Olvidados” va a escaparse de mis manos y necesito saber que, al presentarse a sus lectores, va a ofrecer lo mejor de mí.

Necesito que ésta criatura cause asombro y no terror, como el monstruo de Frankenstein.

Nuevas Experiencias: Reseñado

En realidad el titular del post se está adelantando a los acontecimientos, pero es totalmente fiel a la idea. Hace unos días, me llegaba el correo desde Grupo AJEC para confirmarme que el manuscrito de “El Secreto de los Dioses Olvidados” se ha enviado a varios autores conocidos de la Ciencia Ficción Española para que lo lean y escriban un pequeño artículo de opinión al respecto.

La sorpresa ha sido mayúscula para mí, no tanto por el hecho en sí (Raúl Gonzálvez ya me comentó que tenía intención de hacerlo) si no por la identidad de los autores elegidos. En principio, dudaba que fuera a ser posible que aceptaran la tarea. Como novato en el mundillo, lo único en lo que puedo pensar es en la terrible responsabilidad que siento desde que lo supe. Los elegidos no son unos cualquiera en absoluto (acumulan un premio UPC, dos Ignotus, y un Premio a la Mejor Novela de la British Fantasy Society, entre otros), y por lo tanto su opinión es una piedra de toque muy interesante. Personalmente, las críticas de amigos o de otros aficionados me las tomo normalmente como “sugerencias para mejorar”. Pero las valoraciones que vaya a recibir de estos autores serán ya otra cosa. Algo mucho más serio (con perdón para los demás, entre los que cuento con algunas personas a las que atribuyo un criterio literario muy acertado).

De otra parte, la confianza (así me lo parece a mí) que demuestra Raúl Gonzálvez en “El Secreto…” al solicitar estas reseñas previas a la publicación me hace sentir muy orgulloso de mi obra. Es todo parte de un hermoso sueño que, poco a poco, parece empeñado en irse cumpliendo.

Dentro también de ésta tormenta de sorpresas y nuevas experiencias ha habido un momento que voy a calificar de “empequeñecedor”. Ha ocurrido al redactar mi biografía y, sobre todo, mi bibliografía. En ambos casos acabé recurriendo a la comparación de varios ejemplos, y en ambos me habría gustado tener más “datos jugosos” que señalar. Con tan pocos meritos literarios en mi haber, me preocupa dar la impresión de haber publicado sólo por un golpe de suerte (aunque mi primera incursión “seria” en la literatura ocurriera hace doce años).

También es cierto que, como me dijo un amigo en broma “hay que publicar la primera novela para que luego sean otros los que hagan tu biografía“. Aún sigo apoyando con mucho cuidado el pie con cada paso que doy, pero no dejo de sentir que debajo hay suelo firme. Algo que no podía ni soñar al empezar a escribir la obra.

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